Nuestra objetivo social: recuperar y preservar la memoria de los asesinados y represaliados en La Barranca y en toda La Rioja a raíz del golpe militar del 18 de Julio de 1936.

Banderas Republicanas

Nos reunimos, cada año, para comemorar el Catorce de Abril, en el Cementerio de Linares. Empezamos citándonos en el patio de San Diego y la placa que puso el Comité Local del PCA fue el primer testimonio de reconocimiento y homenaje a quienes dieron su vida defendiendo la legalidad republicana frente al golpe de estado del general Franco, primero en la guerra civil y después, en la terrible postguerra de represión y muerte. En los últimos años, nos hemos convocado en el Monumento a la Memoria Histórica: allí estuvo el poeta Marcos Ana, en el año dos mil nueve; allí volvimos en el dos mil diez, y allí estuvimos de nuevo el jueves pasado, sintiendo la ausencia de quienes ya no están entre nosotros, reivindicando la memoria histórica y mirando al futuro entre flores y banderas.

Desde pequeña, yo había oído hablar en casa de la República, pues en mi familia había muchos miembros de profundas convicciones republicanas; en aquellos años de silencio impuesto, había que extremar la prudencia y la cautela ante la curiosidad de una niña, pero yo sé lo que hablaban entre ellos, con emoción y dolor contenido: que habían sido testigos de algo grande y hermoso, que habían abierto una ventana para mirar el mundo y conquistar la libertad y que les habían cerrado la ventana por la fuerza y les habían apagado la luz y las palabras. Aquellos retazos de conversación fueron, sin duda, la primera aproximación a mi conciencia cívica y social, que nada tenía que ver con la Formación Política que nos enseñaban los libros de texto. Años después, conquistadas de nuevo las libertades democráticas en nuestro país, hablábamos de la República y sabíamos lo que supuso su proclamación el catorce de Abril de mil novecientos treinta y uno, para la clase trabajadora, para los intelectuales y artistas, para quienes deseaban un futuro de paz e igualdad en nuestro país. Imaginamos a Antonio Machado, en el balcón del Ayuntamiento de Segovia, anunciando la primavera republicana y a María Zambrano, deslumbrada en Madrid por el sol y las camisas blancas, sintiendo la felicidad contagiosa del pueblo que se echó a la calle como en un día de fiesta.

Han pasado ochenta años de aquel catorce de abril y seguimos conmemorando el día de la República, leyendo el artículo primero de la Constitución de mil novecientos treinta y uno que definía a España como una República democrática de trabajadores de toda clase, que se organiza en régimen de libertad y justicia; y el artículo veinticinco que establecía, por fin, que las mujeres podían incorporarse, en igualdad, a la conquista de los derechos sociales y las libertades para construir una sociedad plenamente democrática y participativa, con un respeto escrupuloso a lo público, presidida por los valores de la paz, la solidaridad y la ética civil, en la que la administración pública interviniera para ayudar a las clases más desfavorecidas, para compensar los desequilibrios territoriales y sociales, para armonizar solidariamente un estado federal. Pues todos esos valores están presentes en la conmemoración del Día de la República de este año y son, hoy, más necesarios que nunca, no sólo por la profundización democrática que supone elegir al Jefe del Estado, que ya es importante, sino porque la cultura que sustentó a la República sigue siendo una esperanza para la clase trabajadora en estos momentos de crisis del sistema capitalista. Decía María Zambrano que los miles de madrileños que se dieron cita en la Puerta del Sol parecían convocados por una especie de corona de nubes que se había formado en el cielo de Madrid y que, después de contemplar aquella corona hermosísima, era difícil aceptar ninguna otra. Es difícil, en efecto, para quienes hacemos nuestros los ideales republicanos, aceptar otro modelo que no pase por la democracia participativa, por la elección del Jefe del Estado, por el trabajo como un valor social, por la igualdad y la justicia; y es por eso por lo que seguimos recordando la Segunda República pero, sobre todo, por lo que seguimos luchando por la Tercera y uniendo, en nuestra memoria y en nuestro futuro, los anhelos y las ilusiones de tantos hombres y mujeres unidos, hoy como ayer, por las banderas republicanas.

Ana Moreno.  Fuente: larepublica.es