Nuestra objetivo social: recuperar y preservar la memoria de los asesinados y represaliados en La Barranca y en toda La Rioja a raíz del golpe militar del 18 de Julio de 1936.

Las Sacas

Las Sacas

Patricio Escobal

Frontón Beti Jai

Beti Jai significa “fiesta alegre”. Patricio Escobal lo llama “el bote”.

Antes había sido frontón de cesta punta y pelota mano, luego se dividió en dos partes, un frontón, Beti Jai, y cine Avenida, que es la primera prisión habilitada en 1936, y la otra, cine también y salón de baile, que también será cárcel en 1937.

Los colchones y colchonetas se recogían por la mañana, dejando un espacio que llamaban “la noria” para pasear. Hay unos 900 presos (con traslados y sacas continuas).

Uno de los reclusos dice: “Aquí mejor que en la Divina Comedia podría ponerse a la entrada el cartel: Dejad toda esperanza vosotros que entráis en este lugar” (P. 89).

En el primer piso del palco había algunas mujeres detenidas. Luego las llevaron a la Prisión, y en su lugar, estaban los guardas. El jefe era un militar, un sargento andaluz. “Su comportamiento nunca tuvo matices crueles y se limitaba a cumplir órdenes al pie de la letra… fue ascendido a suboficial y según los irónicos comentarios de los presos en la cancha, aquel ascenso era por méritos de guerra” (P. 99).

 

Las Sacas

“Pasarían unos 30 minutos cuando oímos el ruido de un motor acompañado del chirrido de los frenos al parar frente a la puerta exterior. Un pelotón de camisas azules entró en la cancha por la puerta del fondo, formando en doble fila. El suboficial que dirigía la prisión voceó lentamente de una lista nombre tras nombre, hasta hacer un total de dieciocho libertades provisionales firmadas por el gobernador civil… El ruido del camión al alejarse daba una tranquilidad relativa… A cualquier hora de la noche podía reaparecer el camión de la muerte, ¡el veintiocho!, como era llamado allí, pero al amanecer, el crimen huía de la luz” (Pp. 89 y 90).

“A partir de aquel día las noches fueron todas de saca con una media de diez a doce víctimas, excepto los domingos que por ser día sagrado de una cruzada santa, dábase cumplimiento al quinto mandamiento de la ley de Dios”. (P. 95). Pasado algún tiempo más, “el servicio de matanzas quedó organizado de manera casi perfecta y fue raro que el camión de las sacas hiciera más de un viaje por noche. Al eliminarse una parte de la zozobra después de aquellas horas, muchos presos empezaron a dormir con más regularidad” (P. 104).

 

La Industrial, Escuela de Artes y Oficios

Centenaria por su creación como tal en 1886 (la celebración lleva aparejada la edición de un folleto con diversos artículos, en ninguno se hace alusión al extraño uso que llegó a tener, y a los centenares de inquilinos, encarcelados, primero y asesinados, después), el edificio que después la albergó y fue convertido en cárcel lo inauguró el rey Alfonso XIII el 14 de octubre de 1925. La primera piedra la había puesto en septiembre de 1914, Amós Salvador.

Don Pedro Lozano “el cruel”, era el director (oficial retirado de la guardia civil), “un hombre alto, de boca sesgada y ojos de ofidio. Su aspecto fiero no le impedía ser muy sensible a la adulación” (P. 148).

“Este edificio-escuela, grande y de construcción moderna, tenía condiciones sanitarias relativamente buenas en comparación con la cárcel anterior. Las deficiencias higiénicas allí eran consecuencia del reglamento y la aglomeración. Las duchas, no muy numerosas, sólo con permiso facultativo podían usarse” (P. 145).

“Las colchonetas recogidas en dos montones durante el día, se extendían por la noche en riguroso orden alrededor de las paredes”. (P. 146).

El rancho se preparaba en el cuartel de artillería, contiguo. Al menos llegaba caliente. “El pan era tan duro y pesado que un estómago de camello no era capaz de digerirlo” (P. 149).

“Incluyendo las mujeres, en todo el edificio había unos mil doscientos presos repartidos casi por igual entre las dos plantas” (P. 149).

 

En la Prisión Provincial

Las sacas son más espaciadas y menores, “también la vida tenía mayor holgura e independencia”…, eso sí, “los ruidos referentes al camión de la muerte, cerrojos abriéndose en el rastrillo y pasos acercándose a las celdas, eran más agudos por las condiciones de resonancia en un silencio casi absoluto” (P. 209).